Autora

Carmen Nicola

Un día, cuando mi castillo hizo ¡¡¡puf!!! junte los pedacitos, rearmé, reciclé, desmalecé y sembré. En un rinconcito encontré a la niña que fui y le pregunte qué hacía ahí acurrucada en el rincón. Y ella sabiamente me respondió: “te estoy esperando, tengo que mostrarte quién sos, sé que ahora es el momento, vení sentate al lado mío”. Y me mostro un mundo creado de alegría, armonía, equilibrio, color, belleza…Y allí empecé a recordar… cada vez empezamos a acercarnos más ¡¡¡hasta ser una sola!!!!! Ahora la niña ya está en mí y ahora queremos mostrarte lo que hicimos juntas, en unidad.

Con cada proceso de aprendizaje y a través de una fuerte conexión, me  mostro imágenes que baje de mi hemisferio derecho, teniendo fuertes emociones de estar conectada a la fuente de la creación – Sentir de dónde venimos, la unidad y  la cooperación que hay en todo lo creado; vivencias de asistencia permanente de seres de luz y esa sensación de paz recordándome que todo está bien.

En cada meditación o sesión de Reiki, las imágenes me inundan y bañan mi cerebro mostrándome otros lugares y dándome certeza y bienestar acerca de quiénes somos, de dónde venimos y de cuál es nuestra tarea en este paso por este bendito y abundante planeta Tierra. Así cada día doy mi mejor versión de mí misma. Cuando parece que voy a caer, vuelven imágenes a mí recordándome por qué estoy aquí y ahora. Veo tanta belleza, siento tanto amor y así bajo a este plano en colores terrestres, en pinceladas humanas, con la carga emocional de agradecimiento eterno.

Como dijo el Dr. Edward Bach: La vida no demanda de nosotros sacrificios inimaginables, solamente nos pide que transitemos por ella con alegría en nuestros corazones y que nos convirtamos en una bendición para quienes nos rodean; de modo que si dejamos al mundo un poquito mejor de lo que era antes de nuestra visita, habremos cumplido con nuestra misión.

         De niña fui extremadamente sensible ¡¡¡ y recibí tanto amor, tanto cuidado y protección!!!

A los 14 años conocí el amor, con quien aprendí el arte de vivir en este hermoso planeta.

A los 17 años buscaba, sabía que había algo más, abrí muchas puertitas en esta búsqueda espiritual, siempre con la compañía del arte de la creación como compañero terapéutico y canalizador de procesos internos. Así fui estudiando, aprendiendo técnicas, dibujando, pintando, modelando, pero adentro mío sabía que había algo más… No era el arte en sí mismo, era la unión con lo espiritual, con mi ser interior, con mi divinidad saliendo al exterior, mostrándome quiénes somos, ¡¡¡que podemos brillar en este tiempo terrestre que vivimos!!!

      A los 23 años, en el año 1990 fui mamá y a los 38 años en el año 2004 fui mamá nuevamente, creando las mayores obras de arte: ¡mis dos hijos! Entre pañales, arcilla, pinceles y lanas la vida se entretejía y se creaba con amor, con paciencia y tolerancia. Estoy feliz del recorrido por aquí, me siento con raíces y con mi mirada siempre en el cielo recordando el lugar de origen.

Y ahora la niña viene a mí y me dice: “ya es hora de juntar y cerrar cada una de las puertitas que abriste para descubrirte, ya te encontraste.” Aquí estoy, se abrió el velo, no hay más separación, ahora es el todo, es unión de cada uno y del todo. Es creación, es eternidad… Juntas decidimos mostrarte lo que creamos durante estos años… ¡¡¡¡¡Bienvenidos!!!!!

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